En el siglo pasado donde existió un mundo sin internet, el escritor chileno Eduardo Galeano, nos llevó de la mano a un recorrido literario por América Latina desde una narrativa que nos permitió conocer nuestra historia en común, apreciar los rasgos culturales e ideológicos compartidos entre naciones y nos movió a hacer conciencia de las crisis desgarradoras en cuestiones políticas y económicas que se vivían en la región de América Latina en 1971, hoy a 50 años de la publicación del libro aquella situación que reflejaba “Las Venas Abiertas de América Latina” ha cambiado, pero las características de sufrimiento, pobreza, violencia, guerrillas y deficiencias económicas y políticas aún continúan vigentes.
Se ha avanzado en el reconocimiento de derechos humanos universales, se ha evolucionado en prácticas democráticas para sociedades con mayor participación y se trabaja en buscar mecanismos que reduzcan las brechas de desigualdad, también se han llevado a cabo acciones buscando acabar con la pobreza extrema que se vive en algunas regiones, pero debe replantearse la perspectiva respecto al abordaje de estos conflictos, sobre todo el de violencia que nos afecta a todos y en donde todos debemos ser protagonistas en la construcción de una solución.
La justicia restaurativa como paradigma de sanación
La sociedad en América Latina ha visto vulnerados sus valores y derechos humanos y hemos sufrido atropellos con episodios de suma violencia que resquebrajan la integridad humana y por ende a la sociedad, resulta innecesario enumerar las masacres humanas que vienen a nuestra mente y que han abierto brechas de intolerancia, desigualad y discriminación, generando posiciones cada vez más polarizadas que generan escaladas interminables de agresión y violencia, es en este contexto que se aprecia urgente erradicar esta violencia teniendo como vía el diálogo y buscar una reconstrucción de la sociedad a través de procesos de curación que formen parte de una completa rehabilitación social, ya que pareciera que como ciudadanos vamos normalizando la violencia y nos tornamos indiferentes ante el sufrimiento, aún cuando tenemos todas las alarmas encendidas en focos rojos indicándonos que nos dirigimos hacia una catástrofe como sociedad sino se toman medidas para cambiar el rumbo.
La justicia restaurativa nos ofrece una mirada distinta al abordaje del conflicto, se presenta como un proceso integral desde una mirada humana que busca conectar a todos con sus propias emociones y sentimientos, y que busca re vincular y revalorizar el profundo daño que nos impide avanzar como una sociedad unificada y con el mismo objetivo, la paz social.
Es necesario identificar los orígenes de los problemas que tenemos en común en América Latina, evitando el rencor, la radicalización, el dogmatismo, el fatalismo, la pobreza, la ignorancia la discriminación y la exclusión y estar y ser consientes para tomar medidas que procuren detener estas prácticas y trabajar en prevenir los conflictos.
Para poder transitar en el proceso de justicia restaurativa es necesario que se fijen las bases sólidas para su correcta aplicación por esto se vuelve necesario contar con Políticas Públicas que definan un rumbo a tomar y que sienten los precedentes institucionales para su abordaje, independientemente del Estado, nación o región en donde se requiera trabajar, hay que hacer conciencia de la responsabilidad que todos tenemos en esta construcción y en el proceso de la cultura de la paz.
Políticas Públicas para construir una justicia restaurativa
Existen políticas públicas que buscan la restauración social y construir el circulo virtuoso de democracia, desarrollo social y crecimiento económico, pero estas deben replantearse desde una perspectiva integral del ser humano, desde la diversidad, la igualdad y la inclusión, teniendo una mirada del ser humano desde la humanidad que nos conecta y sólo con esta forma distinta de vernos y reconocernos podremos transitar hacia un campo de bienestar, estos postulados están presentes en el paradigma de la justicia restaurativa y en los mecanismos alternativos de solución de conflictos, en esto radica la importancia de su inclusión de forma transversal dentro de las políticas públicas que se elaboren en todos los ámbitos que estén relacionados con democracia, desarrollo social y crecimiento económico, es decir, tenerlos presentes desde las mismas políticas de desarrollo de los ejes rectores de cada país.
Debe haber una mirada multidisciplinaria en la construcción de las mismas, se deben dejar atrás las prácticas de imposición y construir desde el diálogo con una sociedad activa y participativa, en el que las voces de los vulnerables y las minorías tengan espacios para ser escuchados y tomados en cuenta, hay que construir en la sociedad espacios seguros de participación donde con libertad y de forma pacífica sean abordados los temas fundamentales que nos permitan ser parte en la construcción de un mejor Estado.
Si bien, esta labor de gran magnitud es responsabilidad de todos, tanto sociedad como gobierno, en el contexto latinoamericano, los tomadores de decisiones son los actores políticos electos los que tienen en su encargo la elaboración de las políticas públicas y poseen desde esta concepción la facultad de destinar recursos económicos, materiales y de infraestructura del estado, para la implementación de estas.
Es complicado pensar en una puesta en marcha coordinada entre naciones en términos de tiempos y debido a las diferencias en mecanismos de los distintos aparatos estatales, pero es apelando a las semejanzas culturales que nos hermanan en América Latina, que es posible visualizar un escenario en donde poco a poco y de manera progresiva se vaya dando la inclusión de estas buenas prácticas y con un lugar preferente en la agenda política de estos temas.
Se debe trabajar en institucionalizar los mecanismos alternativos de solución de conflictos en todo América Latina, pues con esto se podría dar cierto margen de certeza y trascendencia aún mas allá de cambios radicales en los sistemas políticos que se encuentren en el escenario de los diferentes países, y así pensar en poder garantizar de esta forma continuidad en su implementación, lo que permitiría implantar esta nueva visión y forma de vida desde las bases para las futuras generaciones que representan la esperanza de un cambio de conciencia y actuar social.
Trabajar desde la educación, no solamente en las aulas, sino también en las instituciones socializadoras del ser humano; familia, escuela y comunidad. Replantearnos y abrirnos a nuevas formas de construcciones familiares, donde se resguarde a la persona y se busque la educación y protección de los valores intangibles de amor, respeto, dignidad, responsabilidad, que son fundamentales en el sano crecimiento del ser humano como individuo y para la sociedad.
Proteger a las instituciones educativas como espacios de diálogo y libertad de expresión, donde encuentran cabida todas las corrientes y formas de pensar y la pluralidad de individuos, nutriéndose de la diversidad étnica de los pueblos originarios revalorizando y redescubriendo nuestra cultura lo que sin duda, fortalecerá a las comunidades buscando aprender a convivir en tolerancia y respeto cuidando siempre el vínculo social, con herramientas auto compositivas de diálogo y solución de conflictos.
Procesos para su implementación
Es necesario trabajar desde la promoción de una cultura para la paz como un derecho humano, y procurando como agentes de cambio social ser ejemplo y promotores de estas prácticas restaurativas, en la búsqueda constante por generar espacios que coloquen estos contenidos en la conversación pública y poder así llegar a los actores con voz en la toma de decisiones para la elaboración de políticas públicas.
Recordando que en los procesos auto compositivos la premisa es ganar – ganar, somos actores de un proyecto que se puede mostrar atractivo para ser promovido en favor de nuestra causa social, hace falta que seamos capaces de movilizar la voluntad política y el interés de nuestros líderes sociales, políticos, del gobierno y de la sociedad en general para generar apuestas a favor de estos mecanismos innovadores de justicia buscando un cambio de paradigma en la manera de resolver conflictos.
Independientemente del régimen político que se tenga, el interés por un estado de bienestar social es común, sin embargo es importante tener en cuenta que para que una política pública sea implementada con éxito debe cumplir con un marco institucional proporcionado por el Estado así que no basta con ponerlo en la agenda pública en el tiempo propicio, por traer aparejado interés de resultados favorables para los actores políticos que toman las decisiones, sino también lograr consensos con agentes organizacionales sobre procesos y tomadores de decisiones, para así tener en cuenta a la mayor pluralidad de disciplinas y actores que permitan un consenso legítimo en el diseño del proyecto, lo que tendrá como resultado una claridad en los objetivos enunciados para los alcances de las políticas públicas y permitirá tener precisión en la operación de la misma, con operadores y agencias operacionales definidas, lo que propiciará que al momento de poner en marcha su operación este sea acogido con beneplácito y gradualmente aceptado para su incorporación en la vida pública desde la comprensión de los actores de las expectativas que se tiene en cada parte del proceso.
La ventana de oportunidad está a la vista, hay que abrirla y permitirnos observar el panorama de oportunidad que se presenta si todos miramos a nuestra querida América Latina con los mismos ojos, con una mirada de amor, de reconocimiento mutuo y de sanación, hay que hacernos escuchar como sociedad activa y colocar en la agenda política temas de reconciliación, sanación y restauración social. Esto es posible, basta recordar que en aquel siglo pasado sin internet no se tomaban decisiones con perspectiva de género ni con inclusión en la diversidad sexual y hoy estos temas forman parte de nuestra vida, y son parte de nuestra cultura y valores como sociedad.
Debemos visualizar el tipo de vida que queremos y mirar hacia adelante buscando la transformación de las heridas que hemos sufrido como sociedad y procurando la trascendencia hacia una cultura de la paz y lograr así, finalmente sanar las venas abiertas de América Latina.
